“El paradigma de Tindaya” (1994)


El problema de la degradación progresiva del medio ambiente y del patrimonio cultural por la explotación legal, en este caso de un recurso natural no renovable, encuentra en Tindaya una manifestación ciertamente paradigmática, siendo en la singularidad del método deductivo de la respuesta a esta contradicción, no en la respuesta en sí, donde el paradigma toma forma. Un proyecto que se explica perfectamente en el extracto de la Carta abierta remitida el 28 de marzo de 1998 por JM Aceytuno a E. Chillida, “Las piedras asombradas de Tindaya”):

“Era un momento crítico para la supervivencia del complejo de recursos culturales que atesora ese lugar, pues paralelamente a la redacción del Plan de Protección Arqueológico (noviembre 1993/abril 1995), la empresa que había obtenido derechos de explotación de los recursos mineros de Tindaya en 1982 (es decir, antes de que la montaña de Tindaya fuera declarada Monumento Histórico-Artístico en 1983, Paraje Natural de Interés Nacional en 1987 y Espacio Natural Protegido con rango de Monumento Natural en 1994), se aprestaba a activar la explotación de su cantera.

En esta coyuntura, donde el interés privado y público por la explotación de un tipo de recurso ponía en peligro la pervivencia de éste y otros tesoros, la ausencia de voluntad política ante el supuesto elevado precio a pagar por el rescate de la concesión minera había impedido hasta entonces cualquier intento de anularla, generándose una especie de círculo vicioso en torno a las contradicciones de esta singular montaña, a pesar de las reiteradas protestas y denuncias de cualificados arqueólogos que en vano pretendieron paralizar las actividades mineras.

La estrategia propuesta fue esencialmente la siguiente: gestionar el territorio natural y antrópico del Espacio Tindaya (la montaña y el llano que la circunda hasta el mar) “en clave de Estación Cultural”, integrando este paisaje en las infraestructuras museísticas de Fuerteventura y en el conjunto de las de Ecomuseos del mundo.

Y en relación con las canteras, como opción complementaria, se propuso que si nadie estaba dispuesto a rescatar la concesión minera (más de mil millones de pesetas estimaba entonces el concesionario como compensación) y no era suficiente el argumento político de contar con la rentabilidad económica de dicha Estación Cultural para amortizar en pocos años tal inversión pública, que se pagara la protección la montaña a sí misma, extrayendo de su interior “en clave de Arte” el volumen de material que fuera preciso para financiar el rescate de la concesión cuestionada. En clave de Arte, únicamente, pues al estar la montaña bendecida por la historia y la tradición, y protegida con el máximo rango por las leyes vigentes, lo lógico era restaurar la ortodoxia urbanística y aumentar el valor cultural de Tindaya, elevando a universal –y por tanto intocable– todo el patrimonio material y simbólico que atesora.

Para diseñar tal “espacio interior”, como garantía social ante la exigencia irrenunciable de incorporar a la montaña otra obra de arte perfectamente integrada en su ya formidable complejo patrimonial, se propuso que interviniera en su concepción un artista de reconocido prestigio universal; literalmente se dijo entonces, “un Chillida”. Posteriormente, tras la primera visita de Chillida a Tindaya, los expectantes intereses mineros y urbanísticos, las voces discrepantes que consideraron sacrílego tocar su revalorizada montaña, las cautelas políticas, los anónimos alertando corruptelas, los enviados al artista con ánimo de amedrentarlo, la lamentable incompetencia de algunos funcionarios, algunas actitudes dogmáticas y, en cierta medida, el propio discurso del artista (“yo me quedo con el espacio y los mineros con las piedras”), propiciaron la confusión entre los fines, los medios y los procedimientos, escribiendo un agrio e inevitable capítulo que aún está por cerrar”.

La carta fue remitida también a numerosos medios de comunicación regionales y nacionales y publicada íntegramente en La Provincia el 23 de julio de 1998. Transcurridos más de 5 años de su publicación, Tindaya sigue expectante y el capítulo sin cerrar. Tras la carta, si bien nunca intervino en las polémicas suscitadas, sí presentó públicamente en distintos foros el Plan Especial de Protección de la Zona Arqueológica Montaña Tindaya, bajo el subtítulo de “El Paradigma de Tindaya”. Un Plan que fue adjudicado por concurso público convocado por la Dirección General de Patrimonio del Gobierno de Canarias.  El Plan nunca salió ni a información pública ni fue aprobado.

 

Planos análisis de Tindaya

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